El verano supone algunos riesgos para un bebé, ya que son mucho más sensibles a las altas temperaturas, a la intensidad del sol, a los cambios de rutinas, al cloro de la piscina o a las corrientes de aire.

Una de las preguntas más frecuentes es si el bebé puede ir a la playa. No es aconsejable que le llevemos hasta que no cumpla los seis meses. Después puede ir, evitando las horas principales de sol, pero siempre bajo una sombrilla. El pequeño podrá bañarse en la playa siempre y cuando la temperatura sea adecuada. Esto lo aplicamos de igual manera a la piscina. El agua debe estar templada y tenemos que meterle en el agua poco a poco, mojando primero las manitas, los pies y la nuca.

Además, debes saber que puedes bañarle desnudo pero teniendo en cuenta que debemos secarle bien, prestando especial atención a los pliegues. Antes de secarle debemos aclararle ya que el cloro o la sal pueden dañar su delicada piel. También es importante tras secarle cambiar su bañador rápidamente.

Por otro lado, especialmente si ha tenido otitis en ocasiones anteriores, no mojaremos sus oídos. En caso de mojarle los oídos, evita introducir su cabeza de manera brusca. Al salir, debemos secar con delicadeza sus orejas.

En cuanto a los cuidados que necesita la piel, en verano es especialmente importante que le apliquemos loción hidratante fluida pues necesitará hidratación extra por todo el cuerpo.

Durante los meses de verano los mosquitos se convierten en nuestro peor enemigo. Los niños están más expuestos a ser atacados por insectos, por ello, será conveniente tomar medidas si vivimos en una zona donde el clima sea húmedo y cálido. La mejor opción sin lugar a dudas será utilizar una mosquitera adaptada a la cuna del pequeño. Si compras lociones antimosquitos debes confirmar que éstos sean aptos para la edad del niño.

Por último, si en casa ponéis el aire acondicionado, aprovechad para conectarlo cuando el bebé no esté en esa habitación hasta que logremos una temperatura adecuada, unos 20 grados. Eso sí, no debemos exponerlo nunca al chorro de aire de forma directa ni someterlo a cambios bruscos de temperatura ya que los bebés son muy susceptibles a las variaciones térmicas.