La gran parte de los niños desarrollan un patrón de sueño normal, al igual que la gran mayoría aprende a caminar o a controlar esfínteres sin ningún tipo de ayuda.

Sin embargo, cada bebé es un mundo. Durante los 6 primeros meses, el sueño solo pasa por dos fases y a partir del segundo semestre de la vida van apareciendo las fases de sueño de la edad adulta (que son 4), pero cada bebé evolucionará de forma particular. El temperamento individual y el ambiente familiar contribuyen a que algunos bebés tengan más dificultades para conciliar el sueño o más ansiedad de separación.

Durante los primeros 6 meses de vida los bebés se despiertan a menudo. Lo más probable es que sea para asegurar que se les alimente con frecuencia puesto que su crecimiento es muy rápido. Esto también favorece el apego, pues el contacto piel con piel y la liberación de oxitocina en la madre durante el amamantamiento contribuyen a este vínculo.

En general, los bebés que toman el pecho tardan más tiempo en establecer sueño prolongado durante la noche, pero las tomas nocturnas son muy útiles para favorecer la prolongación de la lactancia materna. Hay que recordar que la lactancia materna tiene interesantes ventajas para la salud de los bebés y sus madres.

Si el bebé toma fórmula artificial, posiblemente haga pausas nocturnas más largas. De todos modos, si se despierta, se le puede ofrecer una toma si parece que tiene hambre, pero a partir de los 8 meses se puede probar primero a consolarle con caricias y arrullos o bien ofrecerle agua. Es preferible no encender la luz, ni jugar con el bebé y si es posible, no sacarlo de la cuna.

Algunas personas se preguntan si puede ser perjudicial para el bebé dormir con interrupciones, pero este es el modelo natural de desarrollo del ser humano.

Hay etapas en que los bebés hacen pausas más largas de noche y luego vuelven a pedir el pecho más veces, por ejemplo, es probable que entre los 7 y los 9 meses el bebé haga más tomas nocturnas. Esto es normal.

Es importante que también la madre pueda descansar. Lo mejor es adaptarse al ritmo del pequeño, por supuesto.

Si llora es preferible calmarle primero en brazos, antes de devolverle a la cuna, con gestos tranquilos.

Siempre se debe atender al llanto del bebé. No hacerlo puede tener efecto perjudicial para el desarrollo del apego entre el bebé y sus progenitores.

Recuerda, es normal que el bebé se despierte a lo largo de la noche durante los dos primeros años 🙂