Tanto en los adultos como en los niños la falta de sueño puede provocar complicaciones en el sistema nervioso y en el sistema inmune, provocando cansancio, irritabilidad e incluso hacer enfermar con mayor facilidad. Estudios recientes muestran que niños entre 2 y 4 años con peor calidad de sueño son más propensos a sufrir otitis y rinofaringitis.

Cuando los niños son pequeños, cualquier cambio en sus rutinas, en las actividades y, por supuesto, en la alimentación, altera sus tiempos y hábitos. Es decir, aquellos que hasta los seis meses pueda haber instituido.

Mientras dormimos el cuerpo regula procesos hormonales y metabólicos, se realiza la regeneración muscular y se ordena la memoria para prepararse para recibir nueva información al día siguiente, por ello el hábito de sueño es especialmente importante en los niños ya que juega un papel principal en el aprendizaje. Otros estudios mostraron que, tras hacer una evaluación a niños de 6 años, aquellos que no habían dormido las horas adecuadas desde bebés tienen déficits significativos tanto en el aprendizaje como en la expresión.

Con el inicio de la alimentación complementaria, cuando se empiezan a introducir en la dieta del bebé alimentos diferentes, con una carga nutricional diferente a la de la leche, es posible que los ciclos de sueño de los niños se alteren, sobre todo porque en los primeros meses de vida el sueño que predomina es de tipo REM (movimientos oculares rápidos), y los despertares son frecuentes ya que son ciclos cortos de sueño.

Es importante tener en cuenta que el sueño de los bebés debe regularse entre los 6 y 12 meses, y lograr que duerma la noche completa. Este objetivo se logra siempre y cuando los padres inicien las rutinas para ello, como las que ya se explicaron. Si el bebé llega al año sin rutinas de sueño y despierta a sus padres, te recomendamos acudir a la consulta con el especialista.

Algunos estudios muestran que aquellos alimentos que contienen un aminoácido llamado triptófano pueden favorecer la calidad del sueño, ya que hace aumentar la hormona melatonina y el neurotransmisor serotonina que participan en el ciclo del sueño. Además, deben evitarse aquellos alimentos que puedan ser estimulantes antes de ir a dormir como el café, té, alcohol, bebidas energéticas o chocolate entre otros. También se aconseja evitar las cenas copiosas.

Podemos encontrar triptófano en los lácteos, huevos, pescados, legumbres como la soja, frutos secos, las semillas como el sésamo o las pipas de calabaza o algunas frutas como el plátano, la piña o el aguacate. Los hidratos de carbono como la avena, el arroz o la patata ayudan a mejorar la biodisponibilidad del triptófano.

Ejemplos de cena:

  • Primer plato de Ensalada con brotes de soja germinada. Segundo de Salmón al horno con patata de guarnición. Postre: yogur con piña.
  • Primer plato de Sopa de arroz con verduras en juliana. Segundo plato Tortilla francesa con cubito de arroz salvaje. Bol de yogur con plátano y 2 cucharadas de avena.