Uno de los principales motivos de visita a la consulta pediátrica es la fiebre del bebé. De hecho, los episodios agudos de fiebre suponen entre un 10 y un 20% de las visitas a una consulta de pediatría. La fiebre es muy frecuente en los niños, especialmente en los más pequeños. En este período, la media de episodios agudos de fiebre oscila entre 4 y 6 al año. Además, el número de episodios febriles es mayor en niños que asisten a guardería. Durante los meses de invierno, existe un aumento de la incidencia, que coincide con epidemias de virus respiratorios y gastrointestinales.

La fiebre se produce cuando el termostato interno del cuerpo aumenta la temperatura corporal por encima de su nivel normal, más de 37,5ºC si se mide la temperatura en la axila. Nuestro organismo tiene un centro regulador de la temperatura en el cerebro, que actúa como un termostato, para que la temperatura corporal no sufra cambios bruscos y se mantenga constante en situaciones de frío o de calor. Este termostato se encuentra en la parte del cerebro denominada hipotálamo. El hipotálamo sabe qué temperatura debe tener el cuerpo y envía mensajes al cuerpo para mantenerla a la temperatura adecuada. Generalmente, la temperatura corporal normal de un niño, al igual que en los adultos, varía entre 36 y 37 grados.

A lo largo del día, la temperatura corporal de las personas varía, siendo más baja por la mañana y un poco más alta por la tarde. Mientras los niños juegan o practican ejercicio puede cambiar.

En algunos casos, la fiebre es frecuentemente la forma que tiene el cuerpo de combatir infecciones. Como respuesta a estas infecciones, el hipotálamo reajusta la temperatura del cuerpo a una temperatura más alta.

Por lo tanto, la fiebre es una respuesta a un estímulo, habitualmente infeccioso, y debe distinguirse del aumento de temperatura corporal en el que no hay modificación del punto termorregulador, como ocurre por ejemplo en el sobrecalentamiento o la hipertermia. La razón por la cual los lactantes tienen un riesgo incrementado de infección bacteriana está basado fundamentalmente en la inmadurez de su sistema inmunológico. Ante la sospecha de fiebre en el niño, debemos tomarle la temperatura con un termómetro. 

El sobrecalentamiento y la hipertermia durante el sueño está asociado a un aumento del riesgo de muerte súbita del lactante. Un bebé sobrecalentado puede reconocerse por mantener un pulso elevado, una tez sonrojada, exceso de sudoración y aumento del ritmo respiratorio. Las estadísticas indican que muchos bebés que murieron de muerte súbita estaban excesivamente tapados. Es posible que los mecanismos termorreguladores que se activan en esas condiciones estresen los sistemas autónomos del bebé.

El Instituto Europeo de Calidad de Sueño (ESCI) recomienda que la temperatura del dormitorio del bebé mientras duerme se  mantenga  entre 19 y 21ºC. También advierten que abrigar el exceso a los bebés mientras duermen puede afectar a la calidad de su descanso.

Crédito Imagen: Huffington Post