Imagina que acabas de acostarte en la cama, has apagado la luz y has dejado el móvil en la mesilla, listo para pasar una noche de dulces sueños. Pero, de repente, de la nada, se escucha al fondo de la cama… “¡Quiero agua!” ¿Te suena? Es una fenómeno, o más bien una conducta, muy común en los niños. Todos haríamos cualquier cosa por nuestro hijo, pero esta tarea resulta muy complicada cuando llegas de un día largo y solo necesitas ir a dormir. Es muy común que se llegue a dudar de si se trata de un simple capricho o si es una clara demostración de la necesidad de afecto antes del sueño, o simplemente sed. Los niños suelen beber abundante agua durante la hora de la cena, e incluso mientras se cepillan los dientes. Y, cuando nos decidimos a llevarles el vaso, después de haber valorado varias veces si no llevárselo o dejar que lo cojan ellos mismos directamente, apenas beben un sorbo.

Algunos padres creen que este deseo forma parte de alguna broma, un juego, o simplemente que intentan ponernos a prueba (o a nuestra paciencia), para saber hasta dónde pueden tensar la cuerda. Pero el motivo es completamente diferente, y no, no nos están poniendo a prueba.

Según indica Álvaro Bilbao, Doctor en Psicología de la Salud y Neuropsicólogo, “el vasito de agua en la cama es un pretexto”. Lo que realmente quieren es asegurarse que, cuando cierren los ojos, nosotros estaremos cerca, muy cerca, por si lo llegaran a necesitar. De hecho, en ocasiones, “el vaso de agua” es la primera de una larga retahíla de peticiones, las cuales terminan siendo absurdas. Pero es muy importante que estemos ahí. Los niños dependen de sus padres y necesitan sentirse apoyados, sobre todo si detectan alguna inseguridad o sensación que parece propiciar la oscuridad de la noche.

Por las noches, contar un cuento o bien hacer meditación o juegos de relajación para dormir, ayudará a los más pequeños a tener el merecido descanso que necesitan sin recaer en la necesidad de llamar la atención de los padres con otras cosas como, por ejemplo, “el vasito de agua”. Tú ya conoces de primera mano que tu hijo te necesita en todas las fases de su vida, pero quizá dedicarle diez minutos antes de ir a dormir prevenga que tengas que salir de la cama.