Abrigar en exceso a los bebés mientras duermen perjudica la calidad del sueño.  Así lo recogen numerosos estudios y lo advierten constantemente pediatras y expertos en descanso infantil. Sin embargo, ésta sigue siendo una práctica habitual en la mayoría de hogares españoles con niños pequeños. Los catarros, broquitis y mucosidad constantes son la tónica general en los niños de corta edad y se tiende a pensar, de forma errónea, que con mucho abrigo evitaremos males mayores.

Hasta los dos años de edad, tanto el sistema de termoregulación como el respiratorio son muy inmaduros por ello, no conviene fatigar a los pequeños, ya que tan peligrosa es la hipotermia como la hipertermia.

Son varios los factores que influyen en la temperatura del sueño y conviene tenerlos todos en cuenta a la hora de valorar el abrigo del bebé.

 Temperatura de la habitación

Para evitar el estrés térmico así como la obstrucción parcial o total de las vías respiratorias de los niños menores de dos años, el Instituto Europeo de Calidad del Sueño (ESCI) recomienda mantener la temperatura ambiente de la habitación del lactante los 21 y 22 grados y evitar la creación de barreras térmicas con ropa, mantas o colchones que no evacuen adecuadamente el calor sobrante.

Pijamas y ropa de cama

Cuando el bebé respira, la caja torácica se mueve produciendo un movimiento de expansión y contracción en sus pulmones para inhalar y exhalar aire. Es importante que tanto la caja torácica como las vías respiratorias no tengan un exceso de peso sobre ellas para que el lactante pueda realizar dichas funciones con el mínimo esfuerzo.

Por este motivo son muchas las voces que se inclinan por los pijamas-manta o los sacos para dormir, que se convierten en una excelente opción para mantener al bebé abrigado sin reducir su libertad de movimientos.

Pero, como para gustos colores, hay quien prefiere los pijamas de toda la vida. Por ello, si cubrimos al bebé con alguna mantita o colcha, es importante que ésta quede bien fija al colchón y no se creen arrugas que puedan dificultar su respiración.

La importancia del colchón

Otro aspecto sin duda clave en la calidad del sueño es el colchón sobre el que descansa el bebé. Está demostrado que hay colchones que aumentan hasta cuatro grados la temperatura. Por ello, la elección del colchón es clave.

En este sentido destaca el colchón de cuna Babykeeper. Que lo hayan desarrollado pediatras ya es una garantía, pero además está avalado por la Asociación Española de Matronas. Es el único colchón para bebés certificado como producto sanitario, cuyo diseño y tejido consigue mejorar la transpiración y evacuación de calor con lo que reducimos el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) por este factor en un 48%. Las pruebas térmicas han demostrado que el diseño de Babykeeper reduce el riesgo de estrés térmico (golpe de calor), mejorando los resultados de la inmensa mayoría de colchones del mercado.

Ropa de cama, pijamas, colchones, temperatura de la habitación… múltiples factores inciden en la temperatura del sueño del bebé. Prestar atención a todas ellas puede mejorar no solo el descanso del pequeño, sino también del resto de la familia.